La desaparición forzada de un activista amedrenta a la sociedad civil de Laos

El Diaro: 10 Octubre 2015

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La desaparición forzada de un activista amedrenta a la sociedad civil de Laos

La desaparición forzada de un reputado activista en un control policial en Vientiane y la presión para silenciar el suceso amedrenta a la sociedad civil de Laos, cuyos grupos denuncian el “clima de miedo” en el que desempeñan su labor.

“Laos es un ejemplo clásico de como las comunidades y la sociedad tiene miedo de su propio gobierno”, apunta a Efe Kingsley Abbott, consejero para Asia y el Pacífico de la Comisión de Juristas Internacional, con sede en Bangkok.

En los casos de desapariciones forzadas -la privación de la libertad de una persona por parte de agentes del Estado o grupos o individuos que actúan con su apoyo- es común que se carezca de evidencias y pruebas del crimen, lo que permite a las autoridades “desmentir las acusaciones y negar el conocimiento del delito”.

“Sin embargo, en el caso del activista laosiano Sombath Somphone su desaparición fue captada por una cámara de seguridad”, subraya Abbott.

El 15 de diciembre de 2012, Sombath recibió el alto en un control de carretera de la Policía cuando transitaba de regreso a casa con su jeep por una de las avenidas más concurridas de la capital laosiana.

En imágenes registradas por cámaras de seguridad (https://goo.gl/sBKZsk) se aprecia como Sombath baja del vehículo para hablar con los agentes.

Acto seguido unos desconocidos llegan al lugar, uno de ellos se lleva el vehículo del activista y el resto junto al activista monta de manera precipitada en otro coche con el que abandonan la zona.

Aunque las autoridades admiten que Sombath fue parado en un control policial, los investigadores aseguran que no pueden determinar si está entre las personas que aparecen en la grabación.

En un acto para conmemorar los 1.000 días desde la desaparición, la mujer del activista, Ng Shui Meng, denunció la “falta de progreso” de las pesquisas y la “omisión” por parte del Gobierno laosiano en su responsabilidad de “informar” sobre los avances a la familia de la víctima.

“La noche de la desaparición yo conducía mi coche por delante de él. Nos dirigíamos a casa para cenar. Tras el control policial lo dejé de ver, pero supuse que se paró a comprar algo. Nunca llegó”, recuerda su mujer.

Shui Meng acudió al día siguiente a la Policía donde le instaron a revisar las cámaras de seguridad. Al examinar las grabaciones y observar lo sucedido pidió una copia de la cinta, pero ante la negativa de las autoridades reclamó volver a ver la secuencia y capturó las imágenes con su teléfono móvil.

“Por eso están tan borrosas. A día de hoy (las autoridades) no han publicado el original. Ellos dicen que no es Sombath, pero cómo no voy a saber que es él, conozco su coche, su ruta… he vivido con él más de 30 años”, exclamó la mujer.

El trabajo de Sombath, centrado en el desarrollo de zonas rurales y el medioambiente, nunca ha chocado con los intereses del régimen comunista de Laos, recuerda Shui Meng.

“Si él ha sufrido este horrible destino, nadie en el país está a salvo (…) Dentro de Laos hay miedo e incluso han amenazado a gente por pedir explicaciones y nombrar a Sombath y su trabajo (…) Muchos activistas de la sociedad civil han dejado sus puestos y otros trabajan desde la clandestinidad”.

El hueco dejado lo están ocupando “organizaciones no gubernamentales creadas por el Gobierno dictatorial y que siguen la línea de este”, asegura Debbie Stothard, secretaria general de la Federación Internacional por los Derechos Humanos, un grupo que engloba a 178 organizaciones.

Los expertos remarcan “la profunda preocupación” sobre el retroceso de los derechos humanos en el país e instan a los países donantes a ejercer una mayor presión sobre Laos, quien en 2016 albergará la presidencia rotatoria de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático).

“Hacer nada y permanecer callada no es una opción, tener miedo tampoco (…) no dejare piedra sin levantar ni puerta sin llamar (…) la verdad debe ser encontrada y la justicia restaurada, esa es la promesa que me hice a mi misma y a Sombath”, sentencia Shui Meng.

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